Bienvenidos a las Andanzas

Abróchense sus cinturones de credulidad y a andar se ha dicho

Con ustedes

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Lihuen

domingo, 22 de agosto de 2010

Una escapada a las creencias

Lúgubre como en el comienzo de los tiempos, tenebroso como las almas que lo habitaban. Un olor pútrido, un estado mórbido, un aire patético, rondaba por los suburbios del mundo aquel, donde la muerte vivía en su mágico esplendor. Su noche eterna era tan brutal como los espíritus que rondaban ese perverso estado del no ser. Abismal como un cáncer que célula o célula corroe la vida, era ese nido de engendros, hijos del mal. Una niebla húmeda y fétida penetraba por entero, rasgando la substancia misma de todas las cosas. A este atroz aposento de la calamidad, solo se podía llegar por una vía: la mala vida seguida por una buena muerte.
En la entrada de esa nefasta caverna subterránea, había un cartel donde se podía leer: “Bienvenidos al averno”. Debajo, una enorme caja con otra leyenda: “Deje cruces y amuletos aquí. Acá (como allá) no le servirán de nada”.
Comencé a escuchar una estridente música; era heavy metal, no estaba seguro si se trataba de Kiss o Iron Maiden. Confundir el circo  con el teatro es propio de estos estados. El terror penetraba por mis oídos hasta instalarse en todo mi ser con un miedo muy parecido al pánico, pero ya no podía volverme atrás. Ante todo soy un profesional y debo cuidar mi laburo. Por más que me encuentre a las puertas mismas del infierno, debo cumplir con mi tarea pese a quien pese y moleste a quien moleste. ¡Así sea el mismísimo lúcifer! Soy un periodista y me debo a mi profesión, así como a la empresa que mantiene a mi familia. Los de “Crónico   CTV” no me lo perdonarían nunca si dejara pasar esta primicia. Levanté la cámara -que se me había caído del susto-, y continué mi labor.
Uno a uno se sucedían los pasadizos estrechos (como la mente de quienes siguen nuestro canal) zigzagueantes (como el ánimo de quienes nos necesitan) deprimentes (como el estado en que quedan nuestros televidentes) soeces (como nuestra forma de presentar las noticias) sombríos (como el futuro que les proyectamos).
Luego de tres tandas (media hora) los pasadizos dieron lugar a una enorme bóveda pétrea llena de huecos por donde entraba y salía gente (¡bah, gente es un decir!), seres que  iban y venían de un lado para otro, entrando, saliendo, en plena actividad. De pronto la música cambió. Comenzó a tocar una banda que sí conocía: The Rolling Stones, con su tema “Satisfaction”
Me encontraba filmando aquellos huecos en la pared, cual celdas de aquel monstruoso panal de hiel, cuando de pronto, me tocan de atrás el hombro y pegué un salto bárbaro. Apenas caí, giré trescientos sesenta grados en una milésima de segundo, quedando frente a un sujeto de traje y corbata, maletín, reloj, cadenitas y gemelos de oro, con dos protuberancias a ambos costados de su frente. Ese ser me debió ver nervioso, temblando, entonces me dijo: “¿Recién llegás, men? Tranquilo, ponéte cómodo que tenés para rato acá. Llegaste justo, está por comenzar una asamblea. Mientras me palmeaba el hombro me señalaba un sector de huecos en la pared, y me decía: “Ubícate en alguna de las de allá, que están vacías, y prepárate que en un cuarto de vuelta a la tierra comienza el plenario.
Mientras me dirigía hacia donde me había indicado mi especie de anfitrión, veía todo tipo de entes que lucían una variada gama de “ondas terráqueas”: un punk, un mecánico, un policía, un taxista (lo reconocí por su brazo izquierdo dorado), un político (lo reconocí por su sonrisa), un travesti (obvio porqué lo conocí), barbudos de cabellos largos, afeitaditos de pelo corto, mulatos, en fin, toda clase de representantes humanos, pero todos con sus respectivas protuberancias en el altillo de sus rostros. Seguí caminando mientras pensaba si los extraterrestres y los animales tendría su propio infierno, porque allí no había ninguno, tanto sea de los orejudos cuadrúpedos, como de los orejudos bípedos. Otro detalle   fue no ver representantes femeninas. ¿Serán tan  diosas como para no merecer el infierno¿
Llegado a mi destino, entré en uno de los huecos que hacía las veces de habitación y observé el panorama. Vi una ventanita a lo alto y, como buen curioso (periodista), q1ue soy, me colgué de ella para ver adonde daba. Descubrí que no era una ventana sino una especie de pantalla de televisión donde se veían ciertas imágenes, que me provocaron tanto estupor, que mis manitos temblorosas se soltaron de aquella supuesta ventana y caí paradito al piso. ¡No podía creer lo que había visto! Me recosté en la pared para no caerme. Vi frente a mi una especie de lavadero. me lavé las manos, la cara y me cargué de fuerzas para volver a subirme a la ventana. Recién después me enteré que no era un lavadero, sino un receptáculo conteniendo “agua maldita” y lo que había hecho no era tan solo lavarme sino un bautismo. La diferencia es que, en vez de bendecirme, me maldije. Subí y volví a sentir el mismo temblor. En eso entra alguien a mi habitación y me pregunta: “¿Qué estás haciendo ahí?” Bajé, me dí vuelta y le dije: “Curioseando”. –“¡Estas no son vueltas para curiosear –me dijo. Recordé lo que me había dicho aquel otro ser:  “...en un cuarto de vuelta a la tierra comienza el plenario” y comprendí que aquí el tiempo se medía por vueltas y no por horas. ¿Pero cómo puedo saber yo qué vuelta és? –le dije, como para excusarme de lo que suponía era una imprudencia.- ¡Es fácil! Tienes que tocar tus cuernos; si están fríos es de noche, si están calientes es de día; si están muy fríos es medianoche, si están muy calientes es mediodía y así. ¡Ya te vas a ir acostumbrando! -¿Qué cuernos? ¡Si yo no tengo!  -Con su vista señaló mi frente.  -Me toqué la frente y no podía creerlo. Tenía dos tremendos cuernos. Pero mire, yo no pienso quedarme mucho por aquí. Vine nada más para cubrir una nota para el canal y luego me voy. -Se rió y se fue.
Pensaba que si ese iba a ser mi hábitat por algunos días, le faltaba una cama para dormir, una mesa para comer y escribir, un ropero, un espejo, en fin... ¡Por más que estemos en el infierno, uno se merece ciertas comodidades mínimas! Es un derecho humano ¿no? Al levantar la cámara del suelo vi a un sujeto  parado en el huevo de entrada, mirándome con ojos contemplativos y sonriendo. Me habló.
-¿Cómo te llamás?
-Lihuen Carrión, argentino, cuarenta años , casado, dos hijos, hincha de Platense, natural de Villa Urquiza.
-Te pregunté el nombre, no una presentación social. Todo eso ya no te sirve acá. ¿Qué mirabas, Lihuen? ¿Las comodidades?
-Si; es decir, la falta de...
-Todo eso que supones que falta, aquí no hace falta, ya que no necesitarás comer, escribir, dormir, asearte, ni nada de lo que hacías de donde vienes. Pero no te aflijas, esto que te sucede nos sucedió a todos en las primeras vueltas. Ya te acostumbrarás. Mi nombre es Walter. Vamos,  que tenemos que asistir al cónclave infernal.
Partimos. Walter adelante, oficiándome de guía. Se escuchaba a Deep Purple con su tema: “Una estrella en el camino”.  Los pasadizos eran más amplios que los de la entrada, aunque igual de tétricos. Cada cien metros, sobre sus rugosas paredes, antorchas iluminaban el camino y leyendas tales como: “Acá muere usted también, ensucie las paredes y muera como en su casa”. “Colabore para que el infierno sea tal, destruya lo que vea a su paso”. “Por un infierno más acogedor ¡eche leña al fuego! Vote por demontre. Lista 666 y ¡no muera a fuego lento! Y en todas , terminaba rezando un: “Este es otro aporte más del gobierno de su infierno”.
-¿Para qué es esta reunión, Walter?
-Para acordar los pasos a seguir, Lihuen. El mundo esta que arde y nosotros estamos pasando desapercibidos. Hay ciudades en la tierra donde se vive peor que acá y esto no puede seguir así. Debemos hacer algo para retomar nuestro protagonismo en el mundo. Nuestra imagen ya no provoca temor alguno en los creyentes, en los pocos que quedan, porque ya casi no quedan creyentes de verdad. Te digo más, en estas precisas  vueltas, en el cielo se esta llevando acabo una multisectorial celestial, con el mismo carácter preocupante de ésta y donde también se ha de resolver sobre los pasos a seguir.
-¿A dónde vamos, Walter?
-A la cámara de los infiernos.
-¿Qué es eso?
-Es el ámbito donde asisten delegados de los distintos distritos infernales para deliberar las estrategias que se llevarán a cabo.
-¡Cómo! ¿Hay varios infiernos?
- No, hay uno solo, pero es tan vasto que no podríamos reunirnos todos juntos, ya que no alcanzaría ni toda la superficie continental para albergarnos. Ten en cuenta que con el correr de los siglos se ha incrementado de tal forma la población infernal que, actualmente, la cantidad de seres aquí presentes, triplica la de la población total de la tierra. Entonces, para evitar hacinamiento (y no tener que soportar las demandas de la Asamblea Permanente por los Derechos demoníacos) vienen delegados de los distintos distritos infernales, como ser: daemón, luzbel, satán diábolos, lúcifer, daemonium, belcebú, demontre, diantre, satanás, daimóm, etc. Etc.. ellos son los diablos mayores en la escala.  Después están los diablos intermedios de cada distrito, como ser: hitler, alejandro magno, torquemada, colón, napoleón, pizarro, pinochet, julio cesar, franco, mussolinni, etc. etc. Y por último, los diablos menores, pomo vos y yo, por ejemplo.
Entramos a otro abovedado pero diez veces mayor que el anterior. En medio de aquel maracaná satánico, se encontraban sentados en círculo, unos tipos a los que se les caía la cara de diáblos. ¡Baby Echecopar era un poroto al lado de ellos! Después me enteré por Walter que eran los delegados de los distritos, o sea, lúcifer, satán, etc. El resto del recinto, estaba comprendido por gradas, todo alrededor. ¡Aquello era un gentío infernal! ¡No cabia un tridente! ¡Eso de no dar cuorum,, ahí, era impensable! A no ser que hayas ido a encender un sahumerio a la hoguera central...
Un orador comenzó a dirigirse a los presentes ( que en realidad, estaban ausentes de la realidad). Digan que yo ya estaba muerto, si no, al verle la cara a ese espécimen, me hubiera muerto allí mismo. ¿Será que la gente se vuelve malvada a causa de su cara, o será que se le afea la cara, a raiz de su maliciocidad? Quien se acomodaba para hablar era satanás en persona, muertito y coleando. Aunque, pensándolo mejor, ni el ni yo estábamos muertos. Solo desaparecidos de los vivos, nada más. ¿Será que la muerte no es otra cosa que un cambio de ropas, una mudanza de hábitat, un  escalón mas en la eternidad del ser?¿Será eso o será que no debo beber mucha cafeína antes de desvelarme? ¡Escuchémos!
“Hermanos en satán: los he convocado a este fórum, debido a motivos por ustedes harto conocidos y es el hecho de ya no poder hacer de las nuestras, como en otroras siglos donde éramos el terror de los humanos. Con esto de la maldita globalización, ahora cualquier imperialista sale por la CNN a asustar a tres mil millones de humanos de un solo discurso. Cualquier barbudo hace caer un par de edificios con pájaros de metal, y tiembla la otra mitad del orbe. ¡Así no hay diabluras que alcancen! ¿De qué vale que mutilemos vacas, para avivar el fuego del terror extraterrestre, si después sale un ministro de economía por televisión anunciando un nuevo ajuste, y se le paran de punta los pelos a treinta y cinco millones, de un solo decreto? Hermanos, estamos perdiendo poder y no podemos seguir así,. Debemos elaborar estrategias en pro de recuperar el protagonismo que nos merecemos. Los humanos han caído en un egocentrismo tal, que cr3een ser ellos los dueños de su destino, del bien y del mal, de la razón, de la pasión, y hasta de la vida y la muerte. ¡Esto no lo podemos permitir!
Nuestros enemigos, en éstas precisas vueltas, también están reunidos elaborando estrategias en beneficio de superar la problemática actual. Pero he aquí un detalle, hermanitos míos, nuestros eternos enemigos, ya no son nuestros enemigos. Nos une el mismo objetivo: la humanidad. Nos une la misma dificultad: no poder controlarla. Nos une el mismo descreimiento, que somos objeto por parte de los hombres. Aquel dualismo ya no es como lo fue en la antigüedad, donde, por un lado estaba la idea del bien y por el otro la del mal –con sus respectivos apoderados ejerciendo poder sobre los hombres,  quienes no eran dueños de sus acciones, sino a influencia de uno u otro bando. Ahora está, por un lado la idea del bien y del mal y por otro, los hombres con su bien y mal adquiridos, e independientemente de nosotros y de los otros. Nuestros enemigos ya no  son nuestros enemigos, sino nuestros prójimos. Ahora, queridos diablillos, nuestros enemigos son los hombres y su maldita independencia creencial.
Yo propongo una noción para ser votada en esta indigna asamblea de congresales demononíacos, y es ésta:
a)      Aunar estrategias en común con nuestros prójimos celestiales;
b)      interactuar activamente con ellos, de forma coyuntural, en la búsqueda de forzar a la humanidad a que vuelva a sus antiguos dogmas, temores, paradigmas, alienación, enajenación; o sea: creencias;
c)      volvernos, nosostros, un poco más buenos y ellos, los celestiales, un poco más  malos, a los efectos de poder encontrarnos a mitad de camino y juntos, bregar por la obnubilación de la raza humana;
d)      intercambiar poderes con los celestiales, para ver qué se siente;
e)      todo esto, solo hasta que el pensamiento humano vuelva a la normalidad. Una vez allí, nosotros volveremos a ser malos y ellos a ser buenos, como siempre y como nunca.
Se escuchaba un murmullo que no podía distinguir si era positivo o negativo. Veía la cara de los diablos y algo me decía que no estaban de acuerdo, ya que sus rostros reflejaban una furia brutal. Walter me aclaró que eso era positivo, tratándose de diablos. Otros diablos pasaban repartiendo papeles; dos a cada uno de los presentes. Cuando llegaron a mí leí lo que decían: uno “si” y el otro “no”. ¡¿Qué és, un plebiscito, esto?! Le pregunté a Walter si acá también regía esa ley que te eximía del voto, si te encontrabas a más de quinientos kilómetros. En tal caso, ya estaba buscando la parada del 60. Me contestó que si no votaba, me iban a trasladar al nivel cinco, a  la sala de torturas, donde debía permanecer por espacio de ochocientos años, ininterrumpidamente, viendo en televisión a: “Videomach”, “Memoria” y “Gran Hermano”. Inmediatamente tomé el papel que decía “si”, y pregunté donde estaba la urna.
Era muy patético ver a los diablos votar. Parecían ciudadanos argentinos. A “cuerno de urna”, por sus caras, les sacabas el voto. Casi todos tenían intención de  voto rojo pero,  como le tenían miedo al cuco, votaban a cualquiera.
Llamaron a cuarto intermedio, por espacio de un cuarto de vuelta a la tierra, mientras efectuaban el recuento de votos. Salimos a tomar un poco de aire. ¡Quiero decir, de humedad!
- Explicame algo, Walter. ¿Para qué esté esa ventana-televisión, desde donde se puede ver la tierra?
- Eso es parte del tratamiento que recibimos aquí. De eso se trata el infierno; ver vivir a nuestros seres queridos  y nosotros aquí, sin poder participar, intervenir, compartir con ellos. Y, según la gravedad de las acciones que te condujeron aquí, es mas grande o mas chico el visor. Algunos diablos poseen el visor del tamaño de la pared toda, o de varias paredes y con el volumen al máximo. Por la dimensión de tu visor, me doy cuenta de que tus faltas, Lihuen, no son tan graves; quizás tengas oportunidad de volver a la tierra, aunque ya no creo que en este cuerpo-mente.
¡Che Walter, lo que me gusta de acá es lo democráticos que son para manejarse!- No te creas que es tan así siempre. Cuando somos enviados, no tenemos poder de elección y en ocasiones tenemos que hacer cosas que no son de nuestro agrado. ¡Seremos diablos pero tenemos nuestros sentimientos también, qué caray!-¿Enviados a donde?- A la tierra, Lihuen. Nos ordenan una misión y debemos cumplirla. Si no lo hacemos podemos ser castigados por cientos de años a ver televisión, a escuchar sesiones completas de las distintas cámaras de representantes de países sudakas, o a escuchar por siglos, discursos de ministros de economía de los países del tercer mundo. ¿Sabés lo que és Lihuen, escuchar por siglos a un tipo mintiéndole a su pueblo para favorecer a otro? ¡Ni te imaginás lo tortuoso que es! Esto que has visto, se maneja de esta forma porque tiene trascendencia interdimensional, si no.,..! En todos lados hay dictadores, Lihuen.-¡Eh, en el cielo no, Walter!-¿Ah no? ¿Nunca leíste la Biblia acaso?
       ¡Vení Juan, vení! Te voy a presentar un amigo, Lihuen; ex periodista de “Crónico CTV. Él es Juan, o John, o mejor aún, Joan; un queridísimo camarada vasco, ex etarra, ex F.A.R.C. y también ex humano.
-¡Hola, qué tal!
-¿Cómo te va cronista? ¿Qué filmaste, a Clinton transando con Arafat, que te trajeron acá?
       - No, no. Hacía periodismo amarillo, nomás. ¿Y vos¿ ¿ qué hacés acá? Siempre tuve cierta admiración por quienes eran capaces de hasta dar la vida por los ideales, en pro de que los oprimidos del mundo dejaran de serlo.
       - Bueno, es que recién aquí comprendí que para luchar por los ideales, no es imprescindible, ni siquiera necesario, matar.
       Seguimos caminando. De pronto se presentó ante nosotros una bajante en el terreno, la que nos condujo a una especie de río subterráneo. El agua transitaba lentamente, emanando un olor pútrido, nauseabundo, azufroso. De él emanaban burbujas, corría petróleo, peces muertos, emergían fierros viejos, viajaban en canoas de látex ardientes deseos consumados... Ahora que lo observo mejor, mas que un río subterráneo, se parece a un riachuelo bonaerense.
- Quiero preguntarles algo, amigos. ¿Dónde están las chicas aquí?
- Bueno, ese es otro de los tratamientos que padecemos aquí, Lihuen, no contar con chicas.
       - ¡Pero Walter!  Soportamos  ver a nuestros seres queridos todo el tiempo en una pantalla, sin poder estar con ellos, no comemos, no dormimos, no podemos escribir, no tomamos alcohol, no podemos fumarnos un porrito, y, como si esto fuera poco, no contamos con chicas. ¡Esto sí que es un infierno! ¡Si así es el infierno, no quiero saber lo aburrido que será el paraíso!
- Y esto es apenas el comienzo del recibo de información, Lihuen.
       De pronto, comienza nuevamente la estridente música, de la mano de AC DC, con sus “Campanas del infierno”. Eso significaba que debíamos retornar al recinto. No sé cómo hicimos, pero al doblar un pasadizo, ya estábamos nuevamente en el “maracaná”. ¡Y acá no se puede hablar de la magia de la televisión! ¿Será la magia del cuento...?
       “Luego de escrutados el 99% del padrón (el 1% se reencarnó), éstos son los guarismos (decía el orador con cara de presidente de mesa): Votos en  Negro (los que en la tierra son en blanco) 24.66%;Votos Anulados (los que en la tierra se tipifica como voto de “imbesiloide cívico”) 24.66%; Votos por No (¡ya los voy a agarrar solitos!, -pensaba el orador) 24.66%; Votos por Si 25.02%. resultado: ganó el SI por un voto. Por consiguiente, dentro de quince vueltas a la tierra, partirán cinco delegados al purgatorio, para reunirse con los enviados celestiales. Se da por finalizada la sesión. ¡Que así no sea! “
- ¿Viste Walter? Por un voto ganó el Si. ¡Quiere decir que decidí la elección! Por mi voto, hay reunión entre el cielo y el infierno. ¡Qué capo que soy!
- ¡Enfermera, enfermera! ¡Venga, por favor, que volvió en sí mi marido!
- ¡Walter! ¿Walter...? ¡Hola, amor! ¿Qué hacés vos acá?
- ¡Volviste, mi amor! ¡Qué alegría! ¡No sabés cómo estabamos todos!
- ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy?
- En la sala de terapia intensiva del Pirovano, mi amor. ¿No te acordás de nada?
- Si, estaba en el infierno y...
- ¡Ay, mi amor! Si vos sos un pan de dios ¿cómo vas a estar en el infierno?
- ¿Pan de dios? ¿biscocho de satán? A partir de hoy voy a ser masa, pero de mi encéfalo.
- ¡Ay, menos mal que vino, doctor, mi marido está delirando!
- ¡A ver! Abra bien los párpados. Saque la lengua. Diga treinta y tres. ¡Mmmm...! ¡Retírense todos  de la sala unos instantes, por favor! ¡¡¡Tlock!!! ¿Se fueron todos? Si. Bueno, ¿qué pensás que estás haciendo, queriéndole contar a todos lo que viviste allá, Lihuen?
- ¿Walter?
- Si. Me disfracé con otro cuerpo porque tengo una misión que cumplir y, aprovechando que estaba por occidente, vine para despedirme.
    -Amigo ¿vas a venir cuando puedas a visitarme?
- ¡Ni lo  sueñes! Ahora me pude hacerme un tiempito y mostrarme a vos, porque todavía conservas un poco de energía infernal. Queria decirte unas palabras antes de vestirme de ausencia, pero es la despedida, hermano. “Te hiciste una escapada a las creencias y comprendiste cosas que sólo a unos pocos les está dado comprender. Te diste una oportunidad a vos mismo. No la desaproveches. Sé libre. ¡Adios, Lihuen!
- ¡Adiablo, Walter!
       Por los altavoces del hospital se escuchaba el tema de La Renga ¡La balada del diablo y la muerte”.