¡Qué manera de hablar, la mina!
Ya había llegado a la adolescencia y él ni siquiera había nacido. Era linda, bueno, más o menos linda para un Lihuen que hacía como tres meses que no hacía más que “verse” a si mismo, pero su “conversa” la iba afeando a medida que pasaban las horas. “Lo malo de salir con una mina grande era que tenía mucho para contar”, -pensaba Lihuen, mientras se iba cayendo para un costado de la silla. A las 3 de la madrugada ya era la fea del barrio. Segundos antes de que se convirtiera en el “cuco del país”, le dijo a Lihuen:
-¡Che, contáme algo de vos. ¿Cómo fue tu vida?
-¿Mi vida? Nooo… Yo no viví nada –respondió él, con la seria intención de pasar a la parte donde “se hace”, para después contar. Yo, en realidad, quiero escribir el futuro –insistía Lihuen, mientras le hacía un guiño y sonreía, como para que no quedara tan groso la proposición de pasar al altillo, donde quedaba la habitación y, por ende, el cuadrilátero donde se combate el pasado.
-¡Ay, mirá que sos pícaro vos, eh! Veo que estos años de no vernos no te han cambiado nada, eh.
-¿Cómo “estos años de no vernos”, si nos conocimos hace una semana en la casa de la Pocha ?
-Y bueno, por eso, todos estos años no nos vimos. Ja ja ja
El la miraba sin creer lo que estaba escuchando. Hace un rato terminaba de darle a la lengua con todo lo dramático de su vida, y ahora se suponía que venían otras cinco horas de lo risueño, pero, como empezaba…era mejor que terminara rápido.
-Escuchame Rosa, ¿Tenés hijos vos?
-No. No tengo.
¡Con razón! –pensaba Lihuen. ¿Le habrán explicado cómo se hace?
¿Pero por qué? ¿No llegó la persona indicada?
-Y… Todavía no.
-Pero tenes 40 años, me dijiste hace un rato.
-Si, cumplo 41 el mes que viene. ¿Viste qué bien que estoy?
-Sí, estas bárbara, -mentía Lihuen. Y… en 25 años de vida útil, digo ¿aún no te llegó el amor? ¿O estás esperando al príncipe azul, todavía?
-No, ningún príncipe azul, ni verde, ni gris. Nada. Con decirte que todavía soy virgen…
-¡¡¡Queeeee!!! ¿Virgen a los 40? Pero, qué vivías, en la Base Marambio ?
-No, acá en Viedma siempre viví.
-¿Pero qué esperas de un hombre? ¿Qué tenga 3 piernas, dos corazones o una sola una cabeza…?
-No. Lo único que espero es que me vea cómo soy.
-Y… ¿Cómo sos?
-Bueno, te cuento. Yo…
En eso Lihuen la interrumpe. Claro, si estuvieron hablando cinco horas y todavía no había arrancado a mostrarse como es, ¿se imaginan? Lihuen tendría que escucharla hasta el fin de los tiempos, más o menos.
-No, esperá. Mejor dejá que yo te vaya descubriendo, que es más emocionante. -Le dijo Lihuen, al rescatarse que la pregunta que le hizo estaba muy fuera de lugar, a no ser que quisiera escucharla hasta que en la Argentina haya un gobierno que gobierne para los pobres.
-Pero Rosita… ¿no has tenido intriga alguna vez de conocer la maravillosa sensación de sentir a tu hermoso cuerpo, ser atravesado por el cuerpo de tu enamorado…? -Aclaremos que Lihuen fue lo más sutil que pudo, ante una realidad tan poco sutil.
-Y si… -dijo ella, -y a Lihuen se le entusiasmaba la noche.
-Pero nunca concretaste.
-Y no…
-Y… pregunto. ¿Te tocás, entonces…?
-¿Cómo, si me toco?
-Claro, si pensás en algún hombre lindo y te acariciás por la noche.
-No entiendo.
-¿Qué sos, coreana, vos? Quiero decir si te masturbás.
-Noooooo… ¿Cómo me voy a masturbar? ¿Qué me viste, cara de puta, vos?
-Noooo. Para nada Rosa: todo lo contrario. Pero ¿cómo hacés para dejar fluir las energías que te deben de brotar desde lo más íntimo de tu aparato reproductivo?
-Ah, bueno, leo mucho.
-¿¿¡¡Cómo!!?? ¡Qué leés…! Pero, y eso te desahoga las pasiones más íntimas?
-Claro. Mirá, yo me leo diez, quince páginas de algún libro y ya estoy como nueva. Y otra cosa que me hace bien es hablar. Hablar, más que leer, todavía.
-¡Ah, ahora entiendo! Entonces, conmigo, esta noche, lo que en realidad estas haciendo es masturbarte.
-¡Ay, pero no seas guarango! ¡Cómo lo vas a ver desde ese punto de vista!
-¿Y de qué punto de vista querés que lo vea! 40 años, virgen, no te masturbás (a no ser leyendo o hablando). ¡Lo tuyo es para que Fox Molder lo archive como un Expediente Secreto X, mija!
-¡Mirá, me parece que vos sos medio desubicado, pibe!
-¡Ah, bué! Si yo soy desubicado… Entonces ¿Vos qué sos, mamita?
-Yo soy la que ahora se va, porque no le gusta que le falten el respeto a sus creencias.
-Pero ¿Y qué creencias tenés vos? ¿Sos atea sexual, asceta carnal, profesas el coitismo literario o el camastrismo discursivo?
-Mira, yo no se de lo que estás hablando, pero sí se que a mi nadie me va a cambiar mi manera de pensar. Los hombres son todos iguales. En lo único que piensan es en eso. Y la vida no es sólo eso. También hay otras cosas.
Ah, y después de toda esta charla, inútil, por cierto, que tuvimos, me olvidé a lo que realmente vine, que es a preguntarte lo que me pidió Pocha que te preguntara. ¿Vos que hacés radio, no tendrías música del Mono Burgos?