La relación más profunda que un individuo puede tener es con su pareja. No hay amigo, por más profunda y sincera que sea su relación con él, que pueda conocerlo y comprenderlo, como su pareja. Claro que, para esto, su pareja debe querer comprender y conocer por un determinado período de tiempo. Sucede que las parejas suelen desconocer y descomprender antes que los amigos y entonces, vemos que nuestros amigos son mas duraderos que nuestras parejas y creemos, erróneamente, que la relación con nuestros amigos es más profunda que con nuestras parejas.
Si siguiéramos ese razonamiento en lo político, veríamos como nosotros mudamos continuamente los ideales, de partido en partido, buscando la felicidad política por algún resquicio de la salud burocrática, cuando los políticos que ostentan el poder, son siempre la misma lacra, y que, cada tanto vienen a apoyarnos porque necesitan nuestro apoyo, pero que para nada son profundos ni duraderos.
Esto no lleva como intención ver qué relación es más sincera que otra. Si la amistosa o la amorosa. Todas lo son. Hasta esa relación de trabajo que por obligación nos convida a ser algo “sutiles”, por no decir hipócritas, porque también tienen el viso de la sinceridad, dado que somos sinceros al manifestarnos de la forma en que deseamos manifestarnos; roles, que le dicen. O cuando vienen con un colchón a casa y nosotros le ponemos nuestra mejor cara de partidarios, para que su generosidad nos permita seguir “durmiendo plácidamente”.
La profundidad que conlleva implícita la relación de pareja y que, por lo general no tiene la relación amistosa, se basa en un detalle fundamental para la profundidad o no de una relación: el tiempo. La cantidad y diversidad de situaciones de una y otra hace la diferencia. Con esto quiero decirles, en lo político, que si uno no mantiene firme en alto y en largo sus ideales, transmutándolos al bajo precio de la necesidad momentánea, verá que, con el tiempo, la diferencia siempre estará a favor de los de siempre.
Quizá para comprender esto de lo amistoso y lo amoroso más en profundidad, haya que convivir un buen tiempo con un amigo, para darse cuenta. Con un amigo con el cual no se tenga sexo, dado que dicho ejercicio corporal, hace las veces de liberador de energía. Claro que, si el amigo es del otro sexo, uno puede, igual, liberar energías de forma natural. Natural claro, para los que pensamos que lo natural es ser hetero, pero si no es así, la cosa se complica, dado que si uno no es hetero, lo natural no sería ser hetero sino todo lo contrario. Sería homo y si fuera homo no sería hetero, lo que llevaría a pensar que lo natural no sería ser hetero sino homo y que se vayan los preconceptos y las enseñanzas judeo-cristianas a lavarse las patas en el Jordán y nosotros la cola en el Fuentón.
En lo político es lo mismo. Si uno va para adelante, debe ser firme con respecto a lo que afirma. Porque sino uno se convierte al “trolismo político general”, cae en la volteada de “siempre la misma mierda”.
Es por ello quizá que considero que una relación de pareja medianamente estable, sea homo o hetero, sea de derecha o de izquierda, debe tener buen sexo. Debe dedicarle tiempo semanal a ese cable a tierra, a ese equilibrar de sentidos, a esa saciedad de los cuerpos, a ese serrucho social. De otra manera, la relación se convierte en una amistad pero con carta de ciudadanía, cuando en realidad se esta viviendo como residente, pero en país extranjero. Y ya sabemos que se hace con los emigrantes cuando un país se pone difícil.
No son fáciles las relaciones de pareja, y esto lo sabrá cualquier lector que en estos momentos de su lectura mueva la cabeza de arriba abajo, mientras piensa en esa persona que, según él, lo vuelve “loco”. Y nunca tan bien expresada una metáfora; loco es no comprender, perder la razón o el juicio. ¿Y qué es perder la razón, en una relación de pareja? Que la encuentre el otro. ¿Qué es perder el juicio? Pagar las costas. ¿Qué es no comprender? Es no abrazar, no contener, no encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos del otro. Se pierde la razón cuando no se comprende la del otro, cuando se aparta de lo que lo unía al otro.
En lo político igual. Quien no estará pensando ahora: ¡¡¡Por qué carajo los voté!!! A todos nos pasa en algún momento. Y después uno pierde la razón y siempre la encuentran ellos y la razón se llama 4x4, semipiso, casa en la playa y uno termina pagando las costas de lo que no comprende.
Escucho las voces del pasado que dicen: “Antes las parejas se casaban para toda la vida y era para toda la vida, hasta que la muerte los separe.” Antes era más fácil todo. Para el hombre, por supuesto. Para la mujer no. Ahora, en cambio, todo cambió. Porque la mujer cambió y con ella la sociedad. Y esto le va a llevar algunos siglos al hombre comprenderlo.
Como le va a llevar varios siglos comprender a la plebe que ya fue la pachanga, mamarse con granadina y gansearse con Tinelli. Hay que hacer la revolución “negrológica” y dejarse de joder, para poder cambiar la sociedad de una vez por todas. Hay que liberarse del yugo de los poderosos, pedirle el divorcio a esta unión injusta contraída en desigualdad de condiciones, hacer abandono de este hogar social donde impera la obediencia debida a un sistema que nos explota. ¡Dejemos ya de ser los prostitutos de las calles políticas! ¡¡¡Seamos mujeres de una vez por todas, lanzando por los aires el delantal de la exclavitud.!!!
Dicen que para poder desmenuzar un tema hay que abstraerse del meollo. Que para poder hablar del fuego hay que apartarse del fogón y ver las llamas desde cierta distancia. Así mismo, yo, para poder hablar de este tema tan urticante, tuve que abstraerme del meollo. Tuve que separarme del fuego… para hablar del fuego.
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