Bienvenidos a las Andanzas

Abróchense sus cinturones de credulidad y a andar se ha dicho

Con ustedes

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Lihuen

sábado, 18 de septiembre de 2010

LA DEL MONO

¡Qué manera de hablar, la mina!
Ya había llegado a la adolescencia y él ni siquiera había nacido. Era linda, bueno, más o menos linda para un Lihuen que hacía como tres meses que no hacía más que “verse” a si mismo, pero su “conversa” la iba afeando a medida que pasaban las horas. “Lo malo de salir con una mina grande era que tenía mucho para contar”, -pensaba Lihuen, mientras se iba cayendo para un costado de la silla. A las 3 de la madrugada ya era la fea del barrio. Segundos antes de que se convirtiera en el “cuco del país”, le dijo a Lihuen:
-¡Che, contáme algo de vos. ¿Cómo fue tu vida?
-¿Mi vida? Nooo… Yo no viví nada –respondió él, con la seria intención de pasar a la parte donde “se hace”, para después contar. Yo, en realidad, quiero escribir el futuro –insistía Lihuen, mientras le hacía un guiño y sonreía, como para que no quedara tan groso la proposición de pasar al altillo, donde quedaba la habitación y, por ende, el cuadrilátero donde se combate el pasado.
-¡Ay, mirá que sos pícaro vos, eh! Veo que estos años de no vernos no te han cambiado nada, eh.
-¿Cómo “estos años de no vernos”, si nos conocimos hace una semana en la casa de la Pocha?
-Y bueno, por eso, todos estos años no nos vimos. Ja ja ja
El la miraba sin creer lo que estaba escuchando. Hace un rato terminaba de darle a la lengua con todo lo dramático de su vida, y ahora se suponía que venían otras cinco horas de lo risueño, pero, como empezaba…era mejor que terminara rápido.
-Escuchame Rosa, ¿Tenés hijos vos?
-No. No tengo.
¡Con razón! –pensaba Lihuen. ¿Le habrán explicado cómo se hace?
¿Pero por qué? ¿No llegó la persona indicada?
-Y… Todavía no.
-Pero tenes 40 años, me dijiste hace un rato.
-Si, cumplo 41 el mes que viene. ¿Viste qué bien que estoy?
-Sí, estas bárbara, -mentía Lihuen. Y… en 25 años de vida útil, digo ¿aún no te llegó el amor? ¿O estás esperando al príncipe azul, todavía?
-No, ningún príncipe azul, ni verde, ni gris. Nada. Con decirte que todavía soy virgen…
-¡¡¡Queeeee!!! ¿Virgen a los 40? Pero, qué vivías, en la Base Marambio?
-No, acá en Viedma siempre viví.
-¿Pero qué esperas de un hombre? ¿Qué tenga 3 piernas, dos corazones o una sola una cabeza…?
-No. Lo único que espero es que me vea cómo soy.
-Y… ¿Cómo sos?
-Bueno, te cuento. Yo…
En eso Lihuen la interrumpe. Claro, si estuvieron hablando cinco horas y todavía no había arrancado a mostrarse como es, ¿se imaginan? Lihuen tendría que escucharla hasta el fin de los tiempos, más o menos.
-No, esperá. Mejor dejá que yo te vaya descubriendo, que es más emocionante. -Le dijo Lihuen, al rescatarse que la pregunta que le hizo estaba muy fuera de lugar, a no ser que quisiera escucharla hasta que en la Argentina haya un gobierno que gobierne para los pobres.
-Pero Rosita… ¿no has tenido intriga alguna vez de conocer la maravillosa sensación de sentir a tu hermoso cuerpo, ser atravesado por el cuerpo de tu enamorado…? -Aclaremos que Lihuen fue lo más sutil que pudo, ante una realidad tan poco sutil.
-Y si… -dijo ella, -y a Lihuen se le entusiasmaba la noche.
-Pero nunca concretaste.
-Y no…
-Y… pregunto. ¿Te tocás, entonces…?
-¿Cómo, si me toco?
-Claro, si pensás en algún hombre lindo y te acariciás por la noche.
-No entiendo.
-¿Qué sos, coreana, vos? Quiero decir si te masturbás.
-Noooooo… ¿Cómo me voy a masturbar? ¿Qué me viste, cara de puta, vos?
-Noooo. Para nada Rosa: todo lo contrario. Pero ¿cómo hacés para dejar fluir las energías que te deben de brotar desde lo más íntimo de tu aparato reproductivo?
-Ah, bueno, leo mucho.
-¿¿¡¡Cómo!!?? ¡Qué leés…! Pero, y eso te desahoga las pasiones más íntimas?
-Claro. Mirá, yo me leo diez, quince páginas de algún libro y ya estoy como nueva. Y otra cosa que me hace bien es hablar. Hablar, más que leer, todavía.
-¡Ah, ahora entiendo! Entonces, conmigo, esta noche, lo que en realidad estas haciendo es masturbarte.
-¡Ay, pero no seas guarango! ¡Cómo lo vas a ver desde ese punto de vista!
-¿Y de qué punto de vista querés que lo vea! 40 años, virgen, no te masturbás (a no ser leyendo o hablando). ¡Lo tuyo es para que Fox Molder lo archive como un Expediente Secreto X, mija!
-¡Mirá, me parece que vos sos medio desubicado, pibe!
-¡Ah, bué! Si yo soy desubicado… Entonces ¿Vos qué sos, mamita?
-Yo soy la que ahora se va, porque no le gusta que le falten el  respeto a sus creencias.
-Pero ¿Y qué creencias tenés vos? ¿Sos atea sexual, asceta carnal, profesas el coitismo literario o el camastrismo discursivo?
-Mira, yo no se de lo que estás hablando, pero sí se que a mi nadie me va a cambiar mi manera de pensar. Los hombres son todos iguales. En lo único que piensan es en eso. Y la vida no es sólo eso. También hay otras cosas.
Ah, y después de toda esta charla, inútil, por cierto, que tuvimos, me olvidé a lo que realmente vine, que es a preguntarte lo que me pidió Pocha que te preguntara. ¿Vos que hacés radio, no tendrías música del Mono Burgos?

Así de dura es la vida de Lihuen. Siempre se termina haciendo la del mono. Burgos.

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