Lihuen salió de su casa, entrando a la sociedad en plena hora pico; cuando ésta boqueaba su aullido social vespertino. Pueyrredón, 25, Buenos Aires, Mitre, portón, puerta, asiento, micrófono, Mega Hertz y de nuevo a la sociedad, con retorno, pero sin viceversa. De lunes a viernes, de marzo a diciembre, de 22 a 0 horas, era su fuente de recursos. Fuente de muchas emociones pero pocas monedas; las suficientes para disfrutar de las cosas sencillas de la vida, las cuales suelen ser enturbiadas por el papel-poder. Solo le faltaba una cosa para ser feliz, (claro está, exceptuando una buena alimentación, adecuada vestimenta, apropiados medicamentos, y también ¿por qué no? Un chalet en la Costanera, un Jaguar XT, una lancha con motor fuera de borda, una Pentium 2015, un Cesna HTXW-KZ (Jones), un triciclo, un cuatriciclo, un quinticiclo, -una ambulancia-, y todas esas nimiedades deseosas de todo buen “Homo-Burguesium” que se precie de triunfador necesita. Pero no. Al despertarse, solo le hacía falta una cosa: una mujer. Una mujer con quien compartir su indigencia venida a menos. Pero no cualquier mujer. Debía ser gauchita, ella. Debía estar predispuesta a compartir con él la aventura del vivir enamorados. Compartir, por ejemplo, de salir a caminar en actitud acaramelada por el Cerro de la Caballada, a contemplar las estrellas patagónicas que por julio, agosto, despuntan a las tres de la madrugada con ocho o nueve grados bajo cero. ¡Eso es amor, y no conveniencia! ¿Querés ir al gimnasio cariño? Entrá las bolsas de Portland que así levantamos la pared del dormitorio. ¡Vas a ver como se te marcan los pectorales! ¿Querés tomar un helado, querida? Aguardá que venga el invierno, te subis al techo de chapas y lamés la escarcha del amanecer. ¿Preferís sabor durazno? Tiramos unos carozos a la noche y ya está. ¿Querés vestirte a la moda? ¿Por qué no copiás los modelitos de las damas del barrio Las Tablitas? ¿Querés un sedán cinco puertas? Empezá juntando las cubiertas que queman los que cortan rutas. Si Palito comenzó siendo cafetero… ¿Por qué nosotros no podríamos tener una isla en Scorpions? O bueno, un islote en uno de los codos del Río Negro, al menos. ¡¿Qué no tenés maquillaje?! Almacená el barro que se nos pega a los zapatos los días de lluvia, lo secás al sol y ahí tenés “Ni-Vea para su cara”. ¿Lápiz labial? Decíle al nene de la vecina que te traiga unas tizas del colegio, ¡y listo! ¿Te querés depilar? Tiráte del colectivo en marcha. ¡Vas a ver que no te queda ni un bello! ¡Ni un feo, tampoco! ¿Qué querés un trabajo digno? ¿Y para qué están los Planes Descansar? ¿Querés irte de vacaciones? Si, pero ahora no es como antes, que se conseguía laburo enseguida en la costa, ahora cuesta. ¿Qué así no aguantás más? ¡Vos, lo que pasa es que sos una inconformista! ¿No viste que hay gente que está peor que nosotros? ¿No ves la tele en las vidrieras, vos? ¡No te preocupes, ya va a salir adelante éste país, nena! Ya te lo dije en la década pasada y vos no me quisiste creer. ¡Tenés que tener fe, vieja, sinó...! ¡Es creer o reventar! ¿Qué te pasa amor, por qué te tirás al suelo? ¡Ves que con vos no se puede hablar en serio! Uno te dice las cosas y vos, con tal de no escucharlas, te tirás al suelo y empezás a sangrar por cualquier pavada. Con gente como vos, ¿cómo va a avanzar este país?
Parece difícil la postura de Lihuen. Difícil de sostener que, de la nada, alguien pueda lograrlo todo. Desde niño nos enseñan a ir detrás de las cosas. A nuestro innato ansiar, se le debe sumar las ansias insatisfechas de nuestros padres, familiares, amigos, las ansias de imposición con la que el mercado nos inunda de las más diversas innecesidades domésticas, con la cual domestica hasta nuestras más elevadas ansias de felicidad. Vivimos en un mundo pletórico de insatisfacciones al por mayor, siguiendo a la manada de ciegos que miran sin ser. Cuando, con suerte, nos llenamos de cosas, nos damos cuenta de lo repletos de vacío que vamos por nuestra tristeza, pero ya no podemos despojarnos del lastre que pesa sobre nuestra pobre existencia. Y si no... Si no nos alcanza ni para costear nuestras impotencias, vivimos sumidos en una angustia existencial de sabernos tan ignorantes, como para ni siquiera darnos cuenta de la poca cosa a la que aspiramos. Y, mientras tanto, agazapado tras la trinchera de nuestra lucha cotidiana, se encuentra él, el que espera de nosotros que no nos conformemos con nada. El que nos intenta elevar por sobre nuestras propias miserias ambicionales. El que navega por el interior de nuestras evasiones, las cuales buscan desaforadamente ahogarse en el océano exterior que llamamos realidad. Él, que todo lo dibuja con el lápiz de la fe; que todo lo moldea con las manos de la ilusión; que todo lo escribe con la tinta de la pasión. Él, que nada pide más que de sí; que nada da más que lo que intenta recibir. Él, el único, el inigualable, el verdadero, Nuestra Excelencia: El Amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario