Si los personajes de esta historia se asemejan a los de la realidad, no es pura coincidencia.
El amor es un camino al olvido de si mismo para perderse en el otro. El problema es cuando el otro se pierde en otro. Reflexionaba Lihuen con unos mates de por medio, en medio de aquella inconsistencia del sueño. En su pena con nombre de mujer había más que olvido, había un perderse al vacío, un dejarse estar a la pesadilla de no encontrarse más que sin otro futuro que el pasado en reversa. Cualquiera podría decir que esto es la vida y, cualquiera tendría razón. Otro podría especular con que el otro ahora sería él, y también tendría razón. Alguno opinaría que algo de uno falló, que algo del otro también y también tendría razón.
Pero, y la razón, ¿qué opinaría? O mejor, habría que preguntarse si la razón opina por si misma o está influenciada siempre por la ocasión. Pero bueno, el caso es que cualquiera puede ser el otro en alguna oportunidad, sin que esto conlleve a pensar en la posibilidad de un tercero en discordia, sino más bien en un dúo en discordia. Porque en este caso, en el caso Lihuen, no había un tercero, sino “un otro” dentro del uno mismo de uno de los dos. ¿En cuál de los dos…? En los dos, en el cada uno de los dos que comparten con el otro, en el sí mismo que reflejan en el otro. En “su otro”, cuando están con el otro. ¿Doble personalidad? ¿Conducta ambivalente? ¿Narcisismo? ¿Egotropismo? No. Nada de eso. La vida nomás.
-Hola. ¿Cómo estás?
-Pa’l carajo, estoy ¿Cómo voy a estar cuando me contestas pa’l carajo? ¡Pa’l carajo estoy!
-¿Pero cuándo te contesté pa’l carajo, si hace como tres días que no nos vemos? Te la pasas laburando, yendo al gimnasio, estudiando ese idioma pedorro que estudias…
-Ese idioma pedorro es el idioma de mis antepasados y al gimnasio voy para que me veas más linda.
-¿Para que te vea? ¡Si no te veo ni en figuritas! Te la pasás afuera todo el día y cuando estás en casa y te voy a hacer mimos me decís que me deje de joder que estás cocinando, lavando los platos o jugando al solitario en la compu.
-¿Qué querés que no cocine? Si no cocino no comés ni vos ni los chicos. Y al solitario juego para relajarme del estrés diario.
-¿Y cuándo te hablé pa’l carajo, como vos decís?
-¿Cuándo? El lunes, en la casa de mamá, cuando se me dio por opinar de política. ¡Claro, el señor puede hablar de política, pero esta bruta se tiene que callar y decir “sí querido”, ¿no?
-No. No tiene que decir “sí querido”, pero tiene que, primero escuchar y reflexionar sobre lo escuchado y después opinar. Pero opinar con fundamento, no intespectivamente, como lo hiciste, cortando mi opinión.
-¿Y por eso me tenes que contestar pa’l orto, como lo hiciste?
-¿Yo te contesté para el orto?
-No solo me contestaste pa’l orto, sino que también me contestaste pa’l culo. Y yo no merezco eso.
-Bueno, mi vida, dame un besito y terminemos con esto de una buena vez.
-¡Qué besito ni besito! Andá que te dé un besito alguna humanista pedorra de ese pedorro partido que frecuentas.
-Primero: las humanistas no son ningunas pedorras. Segundo: el partido tampoco es un pedorro. Pedorros son esos truchos, chantas, transeros, ladrones, chupa-salarios, radicales que vos venerás. Esos que vienen gobernando la pobreza de las mayorías por décadas, sin que se les raye una cuatro por cuatro o se les derrita su chalet en Las Grutas.
-Gracias a esos chupa-salarios, estamos comiendo vos, yo y los chicos. ¿O te olvidás que tanto vos como yo laburamos para el estado?
-Yo no laburo para el estado. Yo laburo en el estado. Es muy diferente. Y no laburo gracias a ellos, sino “a pesar” de ellos.
-¿Y por qué no le pedís laburo a los humanistas? Capaz te consiguen un puestito para vender en la feria estampitas de San Silo.
-¿Y vos por qué no vas a que te de su amor el viejo Verani, el miguelito Saiz o el Raúl Ricardo?
-¡Andáaa…! ¡Yo no sé qué carajo hago con vos! ¡Lo único que hacés es quejarte de todo, en vez de laburar en serio y dejarte de joder.
-¡Ah, claro, yo laburo en joda! La señora labura en serio porque tiene mejor salario que el señor. Y, ¿cuánto estuviste hociqueando para que te aseguren este puestito?
-Mucho menos de lo que vos hociqueaste para no conseguir nada, idealista de cuarta.
-Si, idealista de cuarta pero duermo tranquilo a la noche. Apoyo la cabeza en la almohada y descanso placidamente.
-Si, descansas “placidamente” después de hacerte una. ¿O te creés que no me doy cuenta lo que hacés cuando demoras como media hora en el baño?
-¿Y…¿Qué me queda? Si vos ya te parecés a Borges: ni la vé ni la siente. Y yo parezco Mario Kodama, veo, escucho y tomo nota.
-Si, ¿y vos? Cuando yo me doy vuelta en la cama y te quiero abrazar, hacés la “Gran Chacho Alvarez” y te vas al mazo.
-¿Y qué querés, que me suba al helicóptero contigo?
-¡Pero andá! Para lo único que servís es para ir a la plaza con esa bandera naranja, naranja color descompostura de domingo a la mañana y para sentarte con tus atorrantes humanistas amigos, a querer cambiar el mundo en esas charlas que hacen para despotricar de todo y de todos.
-¡No, si nos vamos a poner a tomar el té y jugar bridge como lo haces con tus conchetas amigas del gym, mientras el mundo se cae a pedazos…!
-El mundo hace rato que se cae a pedazos y es por los atorrantes como vos y tus amigotes que se creen que hablando se va a solucionar todo. ¡Pónganse a laburar, proletarios de café!
-¡Claro, nos mandás a laburar así ustedes pueden ir tranquilas a ver los stripers y babearse como unas viejas Legrand cuando invita a ese Luis Miguel putazo que vos tanto admirás!
-No tanto como cuando vos te babeas con la trola de la Nazarena Velez o la Julieta Prandi.
-Me voy porque ya no te soporto más. Estás más incoherente que la Cristina hablando de los pobres y paseándose con una carterita de 60.000 $
-Y vos estas mas gagá que Fidel, pedazo de Sub Comandante Piltrafa…
Cuando dos ya no son uno;
cuando el cada uno se va alejando del nosotros;
cuando “los otros” son la solución para el nosotros;
cuando el futuro del ayer es un hoy pasado por hastíos;
cuando la nada que nos deja todo lo que no nos animamos a recomponer nos inunda;
cuando el deseo se enfría al calor de la distancia;
cuando la distancia se acerca al corazón del hielo;
cuando las heridas propias cicatrizan en las heridas ajenas;
cuando la llama del amor es un fósforo que enciende soledades;
cuando la escasez de tiempo nos limita el espacio;
cuando el espacio se nos convierte en una prisión para el alma;
cuando como mejor política dictatoriamos nuestros sentidos…
…cuando todo eso nos gobierna: gana la oposición.
MIGUEL ANGEL ABUD
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