A veces la vida no es como uno quiere que sea. Por momentos pareciera que la vida tiene viva propia y se maneja sin que nosotros tengamos registro de ella, y entonces, es cuando aparece el policía de transito del vivir y nos hace la boleta por infligir el artículo que prohíbe manejar sin cinturón de conciencia. Y por más que nosotros le digamos que vamos hasta acá nomás, el agente del orden del universo nos entrega la multa de tránsito, la cuál deberemos pagar con nuestra experiencia, en el juzgado correccional de vida.
Lihuen venía, precisamente, de esa diligencia del destino. Con la calma propia de los que saben que los trámites del pasado solo sirven para que el futuro no fotocopie expedientes, hacía de aquel presente, un pronto despacho. Cantando “la marcha de la bronca” versión Marco Antonio Solís, venía pensando en su agujero, cual disco compacto de su desolación. No era la primera vez que la vida se mostraba tan Copérnico, tan “el mundo no gira en derredor tuyo”. Ya había tenido alguna que otra Giordano Bruno quemazón de manos del Torquemada amor. Y si bien no safó “robando para la corona”, tampoco lo escracháron por “comer” en el Senado. Supo erguirse cual gremialista acomodado en gobierno rionegrino. ¿Cuál? ¿Él? ¿Éste? Rionegrino tenía que ser.
Pero si bien es difícil olvidar una persona que pasó por tu vida, más difícil es olvidar a una persona que nunca pasó por ella. No por si misma, sino por la vida de uno. Y esto es lo que devendría en la vida de Lihuen. Todo comenzó una mañana, a la hora en que la mayoría de los periodistas informan sobre las publicidades que informan, por tan solo una módica publicidad. Lihuen volvía de no vender ni una mísera publicidad para su aún más mísero programa literario; (parece que los periodistas se levantan más temprano) cuando entrando a su Casa 4 X 4 (cuatro de largo por cuatro de ancho) lo sorprendió otro ser dentro (y no era el ratón que se esconde tras su indigencia). Era una mujer. ¿Otra vez sopa? Si. Una mujer de unos treinta años, bien vestida, (bah, demasiado vestida, debí decir) que lo miró sorprendida y le dijo:
-¿Qué hacés entrando a mi casa, flaco?
-¿Cómo qué hacés entrando a mi casa? Esta es MI CASA. ¿Qué hacés vos adentro? –le contestó Lihuen, con cara de Gentile hablando de cultura.
-¿Qué decís flaco? ¿Estuviste viendo a Tinelli que quedaste así, tan estúpido, chabón? ¡Te podés ir de mi casa; como te llames!
-Me llamo Lihuen y te repito que acá vivo yo. ¿Qué hacés adentro vos? ¿Cómo entraste? ¿Cómo te llamas? ¿Tenés novio?
-¡Qué carajo te importa si tengo novio, tarado! Andáte porque sino llamo a la policía.
-Llamála. Dale. Así te hago pasar vergüenza, desvergonzada.
-¿Yo desvergonzada? ¿Vos entrás a una casa que no es tuya y la desvergonzada soy yo? ¡Aflojále a la pachanga, flaco, que ya ni el detector de estúpidos te registra! ¿Vos no serás el hermano mellizo no reconocido de las mellizas griegas?
-Bueno, a ver… Vos decís que esta es tu casa y yo digo que es la mía. Vamos a aclarar esto de una buena vez. ¿Por qué si decís que esta es tu casa, arriba de la mesa está la foto mía con mi ex pareja?
-¡Qué decís, atolondrado! Arriba de la mesa está la foto MIA con mi ex novio.
-¡Ah, bue! ¡Vos sos más tránfuga que jefe de bancada de partido político!
-Y vos sos más salame que Milán, flaco. Así que querés jugar al jueguito del “veo veo que ves”… Bueno, si esta es tu casa, como vos decís, ¿por qué hay sobre el estante tampones OB? ¡A ver! ¡O es que vos también estás con el período? Ja ja ja.
-Que ciega que sos, esos no son tampones, son tizas con las que escribo en la pared cuando se me cae alguna frase interesante.
-¡Si, claro, el día que a vos se te caiga una frase interesante Viedma se convertirá en Hiroshima, intelectual de tiempo inútil!
-Flaca, ya que esta conversación parece ser más larga que discurso de Cristina, por qué no te cebas unos mates y por lo menos desayunamos juntos hasta que te saque a cachetazos de acá.
-¡Hay, qué macho que sos primate! ¡Limpiáte la comisura de los labios que se te cae la pólvora, pedazo de John Wayne de barrio Costanera! Bueno, dale, me hago unos mates antes de llamar a la policía, pero antes decíme quién es esa Cristina que me nombraste.
-¿Dónde vivís flaca? Cristina, nuestra presidenta. ¿Qué Cristina va a ser?
-Cristina…? Nuestra Presidenta…? Si el presidente es Fernando De La Rúa , bobo. Y no me llamo flaca. Mi nombre es María.
-Ja ja. Perdonáme que me ría María, pero ¿dónde te quedaste, en el 2001 vos?
-Y sí, estamos en el 2001 Lihuen, o acaso vos estás tan despistado que vivís en otro año…
-Todo el mundo vive en otro año, María, en el 2009. ¿O vos te quedaste en el tiempo?
-No me quedé en el tiempo. Vivo el presente, y el presente se llama 2001. El año en que este país va a despegar de una buena vez.
-No, María, el que va a despegar va a ser tu presidente, en helicóptero, desde la Casa Rosada. Ja ja. A ver, según tu calendario, ¿en qué mes estamos?
-En marzo de 2001, Viedma, Argentina.
-Viedma Argentina y marzo están bien. Pero 2001 no. ¿No vendrás del pasado vos? Ja ja.
-Si, claro, yo vengo del pasado como vos venís del futuro. Ja ja.
-Tan ricos los mates eh. Así que febrero de 2001... Quiere decir que en “tu tiempo” todavía no cayó el gobierno de De La Rúa con los cacerolazos de diciembre…
-¿Qué cacerolazos? ¿Qué decís?
-Mirá María… Hacés buenos mates, sos linda, te vestís bien, pero tenés un tajo muy grande. En el cerebro. Lo que te hace adolecer de un anacronismo tipo menemista, cosa que raya con lo rayado, si me perdonas el paralelismo. Si no tenés donde dormir podemos hablarlo y llegar a un acuerdo, pero eso de decirme que esta es tu casa… Además, si querés fabular, hubieras elegido una casa más linda. ¡Mirá lo que es esto! Una pocilga es.
-Mirá, vos decís que fabulo, pero a mi me parece que estás mas rayado que un queso semiduro, Lihuen. Por qué no hacemos una cosa, pagamos el alquiler a medias, nos respetamos mutuamente y así podemos convivir. A mi no me gusta que nadie viva en la calle, pero bancarme que me digas que venís del futuro ya es algo psicótico. ¿No te parece?
-Bueno, está bien. Después de todo a mi me va a hacer bien charlar con alguien.
Y así convivieron por espacio de un año, Lihuen y María, respetándose mutuamente, compartiendo sus vidas. A los dos meses ya eran muy buenos amigos. A los cinco eran novios, o pareja, o concubinos, o marido y mujer, o amantes, o como los quiera llamar la chusma.
Un mediodía Lihuen volvió del trabajo y María no estaba. Tampoco a la tarde, ni a la noche. Preguntó a la dueña de las piezas y dijo que nunca había visto a nadie con él y muchos menos viviendo en la misma pieza; que si hubiera sabido eso les aumentaba porque cobraba por persona, no por pieza. Pasaron dos días y Lihuen ya estaba muy preocupado. Hizo la denuncia a la policía. Puso aviso en los diarios, pegó carteles en la calle con su foto, comunicados en las radios y nada. María no daba señales de vida.
Pasó un mes y nadie sabía nada de una tal María Sinfuentes. Lihuen depresivo y angustiado no sabía qué hacer. Se consolaba pensando que quizá María se había ido lejos, a su tierra natal o a probar fortuna en otra ciudad. Pero era extraño que no le haya comentado nada ya que tenían una excelente relación. Volvía de la radio cuando vio un diario en el suelo y lo levantó. Su titular decía: “El presidente intenta un golpe de timón. Cavallo se suma al Gobierno: le darían poderes especiales. El Presidente incorpora a Cavallo como Jefe de Gabinete a sólo 48 horas del ajuste de López Murphy y de la crisis política que desató.”
¡Queee! ¡Cavallo, López Murphy…! ¡Otra vez no, por favor! –exclamó un desaforado Lihuen.
Miró el periódico en su interior. En la sección policial vio una noticia que le dio escalofríos. “En la mañana de ayer un vehículo atropelló en las intersecciones de las calles Tucumán y Alberdi de esta capital, a la reconocida artista plástica María Sinfuentes, quien debido al fuerte impacto murió de forma instantánea. Sus restos se velarán hoy en la casa velatoria de la calle Mitre.”
¡María Sinfuentes! ¡Mi María! ¡Noooo!
Lihuen miró la fecha del diario: lunes 19 de marzo de 2001.
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