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Con ustedes

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Lihuen

martes, 14 de septiembre de 2010

UN CAOS EN ORDEN

Desde el departamento de bocetos de la provincia, más precisamente de la oficina de hipótesis, dependiente esta del ministerio de asuntos des-laborales y afines, nos informan que acaba de ocurrir un hecho ajeno a quien ostenta semejante incertidumbre en  pro del bienestar antisocial de los comarcanos. Hace instantes nomás, el vocero oficial de ésta localidad informó que el gobierno puso en marcha un proyecto de equiparación de sueldos, tendiente a elevar el salario de los que menos tienen, a una suma cercana a la que ganan quienes viven teniendo la vaca atada. En resumidas cuentas, la suma se eleva por encima del mínimo in-vital e inmóvil a la friolera de cinco mil pesos ley. Por lo que, y dadas las sospechas fundadas en experiencias aún no vistas, se teme que se produzca en pocas horas un embotellamiento en derredor de los supermercados de la Comarca. Esto acarreará horas extras para los policías de tránsito y de los otros, que, a su vez, con ese remanente de extras de más, también desembocarán en los súper, por lo que, tendrán que hacer horas extras la enorme cantidad de trabajadores de dichos centros de salud alimentaria.
Pero no termina aquí lo que aquí comienza. Se prevé que en las próximas horas se verá insuficiente el parque de taxímetros, atestados los colectivos y un flujo exacerbado de autos particulares que saldrán a pasear por la Costanera, por la Buenos Aires y demás autovías del alpedismo viedmense y maragato. Con tal motivo no darán abasto los surtidores ni los playeros de dichos supermercados del automóvil, así como también los gomeros, los mecánicos, chapistas, electricistas y demás doctores del parque automotriz local. Pero no termina aquí el caos. Además se estima que no darán abasto los restorán, las casas de comidas rápidas y las lentas, las confiterías y otras dependencias que, otrora privilegio de unos pocos, ahora, con esta incursión de los pobres al mercado, se verán en la obligación de atender a todos como si todos tuvieran los mismos derechos.
En otro orden de cosas pero siguiendo con esta anarquía consumista, no podemos menos que fijar nuestra atención en casinos, sala de juegos, boliches y afines, los que, y dada esta inusitada demanda por querer gastar lo que nunca se tuvo, también se verán atestadas de ciudadanos ávidos por los privilegios que otrora fueran de unos pocos copetudos de riñón cubierto.
Así mismo, se prevé que dada la orgía en la que entraría nuestra querida ciudad administrativa, con gente a diestra y siniestra tentada a demostrar por todos los medios que cualquiera puede ser un pequeño burgués (si el Estado se lo permite), desembocaría esto en una catarata de gastadero barrial pocas veces visto, lo que llevaría a pensar al gobierno (ya un hecho sobresaliente) si estaría bien esto de equiparar los ingresos de sus votantes, o, mejor sería dejar las cosas como están y no correr riesgos innecesarios que provocarían en la maza, en la plebe, un extremado orden psíquico, físico y capitalista. Porque si todos tienen plata (confesó para este medio un alto funcionario) ¿Quién va a pisar a quién? Y si nadie pisa a quién ¿Quién pisa a nadie? ¡Se iría al carajo el sistema que nos acunó todos estos centenares de años, y que hizo de nosotros lo que hoy somos! Pensemos solamente en un ejemplo: Si todos tienen efectivo no abría linyeras, mendigos, bichicomes. Y si no hubiera mendigos no abría almas caritativas que necesitaren de las injusticias para irse con su conciencia tranquila a sus mansiones, luego de tirarles una moneda a esos vagos que no saben otra cosa que pedir y fomentar el asistencialismo del Estado. Además, si no hubiera injusticias ¿Qué haríamos con la palabra del Señor? ¡Se nos caería la estructura social, se nos caería!
Viendo esto, y con el buen tino que les caracteriza a nuestros señores gobernantes, se dio marcha atrás con el reajuste salarial, hasta nuevo aviso.
Hasta aquí informó: Su voz amiga. 

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