Algunos se preguntarán, aquellos que no me
conocen muy bien, el por qué de mi firma como Lic. desde ya hace unos años,
puesto que, si bien fui a la universidad, no culminé mis estudios. Primero
quisiera explicarle a los uruguayos y uruguayas que nada tiene que ver con Raúl
Sendic, el hijo del Bebe. Tampoco tiene que ver con el hecho de querer
adjudicarme un título que ninguna entidad académica me haya entregado por el
sencillo hecho de transcurrir años y acatar el conocimiento que en dichas
prestigiosas casas de estudio enseñan. He leído más que cualquier académico
recibido, nada más que mis lecturas fueron algo desordenadas, no enfocando en algo
específico, dado que leí literatura, poesía, novelas, religión, filosofía,
psicología, etc. No. Tampoco tiene que ver con el hecho de intentar elevar mi
ego dado que dicho sujeto de mí, no necesita absolutamente nada para estar por
las nubes. Habiendo aclarado las
cuestiones que NO me llevaron a dicho título de nobleza social antes de mi
nombre, paso a explayarme sobre la arena de lo que SI baña las costas de la
razón que condujo la lancha hasta el por qué de los porqueses. Según la RAE Licenciado significa: Persona
que ha obtenido una licenciatura universitaria. Yo no soy licenciado por
ninguna universidad. Tampoco voy a cometer esa calificación bálsamo que algunos
esbozan a modo de consuelo: Me recibí en la universidad de la vida. O panaceas
por el estilo. Yo tengo mi propia y exclusiva panacea: Me recibí de mí mismo.
Algunos estarán pensando pedir turno en algún neuropsiquiátrico o nosocomio por
el estilo, pero aguarden a que de mi explicación para llevarme con fundamento.
El “Me recibí de mí mismo” conlleva a otra frase: Me conocí. Y luego de los
mucho gusto correspondientes, me empecé a descubrir que en mi mismo, no
habitaba solo mi mismo yo, sino que habitaban unos cuantos yoes, los cuales se
turnaban para actuar ante el afuera del mi mismo a veces, y otras, dentro de mi
mismo yo, pero ya saliendo del inconsciente, sino desde el consiente mismo. Ya
estoy leyendo pensamientos de psicólogos y psicólogas hablando de
“Personalidades múltiples”, “Bipolaridad”, “Esquizofrenia”. Paren, paren la
moto, primero pónganse el casco y seguimos charlando. Descubrirme a mi mismo significa que conozco
y acepto mis errores y aciertos. Por supuesto que en mis aciertos no debo
trabajar para corregirlos, solo sentirme bien por ellos. Con respecto a mis
errores, que muchas veces son errores concretos, pero en otras son errores que
bajan al consiente pero que no permito que se manifiesten en mi relación con
los otros. Un ejemplo a modo de comprensión: en la calle los taxistas tenemos
códigos para trabajar, pero algunos de ellos no lo respetan y, en definitiva,
no me respetan a mí, cuando yo soy el involucrado. Allí aparecen mis distintos
yoes pugnando por ser cada uno el protagonista de mi actuación a continuación.
Uno, el calentón y violento, piensa en acelerar y darle alcance al infractor de
códigos e incriminarlo con diversos improperios. Y si la cosa se pone difícil
baja con un “palo pa conversar”, para ponerlo en su lugar. Acá pueden ocurrir
dos cosas, que el susodicho se haga el pelotudo diciéndome que no me vio y listo,
o seguir en su tesitura y allí comenzaría una contienda boxística e
insultística que quien sabe cómo podría acabar. El otro yo, más calmo y
equilibrado, digamos el humanista básico de mis yoes, argumenta que no es esa
la forma de dirimir un pleito y reflexiona si es imprescindible llegar a ese
punto de confrontación, y decide que lo mejor es dejar que el vivillo de la
calle se aleje, mientras doblo para otra calle o avenida. Este es el yo que
piensa que las cosas que se nos presentan en la realidad cotidiana, no son
producto del azar, sino que están allí para probar nuestro temple y darnos la
oportunidad de ejercer la inteligencia antes que la fuerza bruta. Pero también
aparece otro yo, que no es violento sino educador. Este me propone ponernos al
lado del infractor de códigos, saludarlo atentamente y exclamarle: “Está
difícil la calle hoy eh”. Yo no llevo ni tres mil pesos de recaudación. Día
duro el de hoy. El otro compañero confirma mis declaraciones y por lo general
desiste de seguir su camino anti-códigos y el que dobla por otra calle es él,
luego de despedirse. Y así puedo seguir enumerando distintos yoes que en una u
otra oportunidad, pugnan por salir de debajo de mi capa encefálica para
depositarse asfalto adentro. Está el yo que cuando me caliento por alguna de
esas situaciones diarias, me dice que es hora de bajar los decibeles e ir a
tomarme un cafecito y estirar un poco las piernas y las neuronas. Este es el yo
no humanista de la “no violencia activa, sino el hippón, el que se aparta de
toda situación que pueda sacarme del paz y amor con el que debo conducirme por
la vida. En cada momento del diario
vivir nos encontramos con situaciones donde debemos elegir entre esto y
aquello. Y la decisión que tomemos puede conducirnos a uno u otro futuro mediato,
tanto interno como externo. Es por ello que pienso que debemos estar
conscientes a cada momento y en cada decisión que tomemos, porque de esas
decisiones dependerán nuestros bienestares o malestar. Hete aquí el por qué y
los cómo y para qué del hecho de que en mi página de escritor se anteceda el
tan enigmático Lic. Miguel Angel Abud
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