Nadie un buen día se levantó y se dio cuenta que no era nadie. Fue para él un buen día, aunque parezca una ironía del enterarse. Lo peor hubiera sido no darse cuenta nunca, que nunca sería Alguien. Cuando alguien se da cuenta que, en realidad, es nadie, se produce una duda que a ese alguien nadie le va a quitar y que, lo sacará de toda duda. Hay muchos nadies dando vueltas por la nada y para ellos, el todo es algo que tiene sentido hasta que, aparece un “hasta ese momento no aparecido” y les cuenta que en realidad, todo era fantasía. ¡Y pobres de esos nadies que se creen alguien!
Pero por suerte o por desgracia, por un orden de cosas o por un desorden de otro tipo, también están aquellos Alguien que se creen Nadies. Esos, para mi altivo modesto entender son peores que los mejores. Porque una cosa es creerse alguien y ser un nadie y otra muy diferente es creerse nadie y ser un alguien. Mientras que los primeros pecan de orgullo sobrestimado, los segundos lo hacen de modesta subestimación.
Los que, como el personaje de esta historia presente, son nadie pero sin saberlo y un buen día se desasnan de su burrada, no pasan de un sustito del tipo “¡Uy mirá, me di cuenta casi sin darme cuenta!
Pero créanme, amigos míos, los peores peores, son los que andan por la vida diciendo quien es quien; quien es nadie y quien es alguien. Porque en definitiva, ocupándose de los otros se desocupan de ellos mismos y eso, es muy bueno para nosotros los nadies-alguien y también para los alguien-nadie.
me encanto lihuen! no te tenia escribiendo... sami
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